Elige una forma fácil de empezar
Una actividad debe ser comprensible y opcional. Comida a la vista, un juguete conocido o un rincón tranquilo para olfatear pueden ser suficientes. Si tu perro se va una y otra vez, se frustra o empieza a romper los materiales, para y elige algo más sencillo.
La supervisión forma parte de la preparación
Revisa juguetes, telas y cartón por si hay riesgo de que se trague algo o se enrede. Separa a los perros cuando haya objetos valiosos para ellos, si hace falta. Las actividades con comida deben encajar con su dieta y con las indicaciones profesionales.
Observa lo que pasa después
Una actividad útil no tiene por qué agotar a tu perro. Fíjate en si se recupera con tranquilidad, busca más interacción o le cuesta desconectar. Sus preferencias y necesidades físicas pueden cambiar de un día a otro.
La comodidad y el cuidado van primero. Detén la práctica voluntaria cuando tu perro esté preocupado o no pueda participar. Busca la ayuda adecuada si hay dolor, pánico, agresividad o riesgo de mordida.
Lee nuestro enfoque de educación
